Eudes, sinónimo del verdadero altruismo
Fundación del Dr. Simi, presente
 
En la calle de Roldán 51, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, hay un puente para llegar a Dios. Se trata de la casa San Juan de Eudes, de la Orden Nuestra Señora de la Caridad.

“Aquí tendemos una mano a la gente más necesitada, a los marginados sociales”, dice la madre Dioselina Alvarado, su administradora desde hace más de 20 años.

La madre Dioselina –una amable mujer de 65 años- es muy estimada y querida en la zona, porque Roldán 51, muy cerca de La Merced, significa el sitio donde se ha rescatado del alcoholismo a cientos de personas y donde se ayuda a infinidad de sexoservidoras, madres solteras.

“Tenemos un comedor para ellas y una estancia infantil, donde cuidamos a sus pequeños.

“En este comedor -dice la reverenda-, se ofrece comida a más de cien personas de la calle, todos los días”.

La labor de la madre Dioselina es bien reconocida por los comerciantes del Centro Histórico de la capital, pues nadie regatea ayudarla con donativos en especie.

Desde hace dos décadas los locatarios de La Merced le regalan verduras, fruta, pollo y todo lo que requiere para dar servicio de comedor a cientos de personas. En su tarea recibe también un importante apoyo de la Fundación del Dr. Simi.

El trabajo que se brinda en Eudes se trata de un servicio de amor que no pide remuneración a cambio, es decir, el auténtico altruismo.

“Estas son las obras de Dios –dice y es a Él a quien debemos darle las gracias… ¿pedir dinero?, ¿para qué?... la oportunidad de servir es el verdadero reconocimiento.”

“Eudes” significa Esfuerzos Unidos de Superación y su cometido se cumple a carta cabal en Roldán 51, una de esas antiguas vecindades de la época colonial, con pisos de duela y techos muy altos y de vigas.

Allí la madre ocupa dos plantas: abajo se habilitó el comedor, una bodega y oficina; arriba, la estancia infantil, donde los pequeños reciben gratis los tres alimentos al día, juegan, tocan guitarra, cantan, leen cuentos y aprenden a orar.

“Lo importante en todo esto es ‘dar hasta que duela’, como decía Teresa de Calcuta”, afirma la incansable Dioselina.

 
     
 
 
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